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¡Mi gato tiene una M dibujada en su frente!

—Hoy me di cuenta que mi gato tiene una M dibujada en su frente…

—¿Cómo que dibujada? No te entiendo…

—Sí sobre los ojos, mira… —Le dice una persona a la otra y le enseña el móvil.

Esta conversación ha llamado su atención, la curiosidad hace que se acerque para intentar mirar la foto sobre los hombros de esas personas. Se da cuenta que es un gato atigrado parecido al suyo. Quiere intervenir en la conversación, pero al no conocerlas se retira con vergüenza. Sin embargo presta atención, mientras finge pesar algunas verduras.

—Es extraño… Pero creo que ese tipo de gatos las tienen.

—No sé si es alguna señal de….

—Sería bueno lo consultaras, no vaya a ser cosa… uno nunca sabe…

Las voces se pierden por el pasillo. Continúa su camino, sin dejar de pensar en esa marca. No recuerda haber visto una M en la cara de Gato, pero la curiosidad y la preocupación de saber qué es esa marca puede más que la necesidad de las compras. No se puede concentrar para escoger los artículos que tiene anotados en la lista que balancea entre su mano y decide salir del supermercado. Se dirige a la caja, paga, corre a su casa, busca a Gato, quien duerme plácido en el sofá.

Al encontrarlo, lo examina  y exclama:

—¡Tiene la marca sobre su frente! ¡Oh…! ¡No lo había notado…!  —Con sorpresa y asombro pregunta —¿Cuál será su origen? ¿Qué significado podrá tener?

Gato molesto ante el escándalo y por la interrupción de su siesta, sigue sus pasos hasta el ordenador y contempla cómo inicia una búsqueda por Internet, allí encuentran una nota sobre los gatos de pelaje tabby, que presentan un patrón distintivo... Respiran un poco más tranquilos, sin embargo necesitan saber cuál es el origen de esa misteriosa M.

Al cabo de un rato se alegran al encontrar dos leyendas que lo explican:

 Cuentan que en un lejano establo lleno de animales nació un niño llamado Jesús. Una noche no podía dormir y una gata conmovida por su llanto se le acercó para darle calor con su cuerpo, le cantó una canción de cuna con sus ronroneos y el niño se calmó. Todas las personas y animales del lugar también disfrutaron de un profundo y plácido sueño.

A la mañana siguiente, la madre del niño Jesús le sirvió a la gata un suculento desayuno como agradecimiento. Ella, al ver la abundante comida, llamó a los otros animales para compartirla. Ese gesto hizo que  María reconociera la bondad,  pureza y nobles sentimientos de la gata. De inmediato acarició su frente y mientras le susurraba  que sus descendientes nacerían con la misma marca para que todos pudieran reconocer su lealtad, apareció dibujada en la frente de la gata una M de María.

Las miradas se cruzaron y Gato hizo un gesto con su pata que interpretó como «Continúa» y así lo hizo:

—He aquí la otra leyenda:

Cuentan que en un lejano…  

—Ah! Comienza igual que el otro… —Su voz se interrumpe por el movimiento de la pata de Gato que claramente significa «¡Lee!».

… país…Un profeta llamado Mahoma, vivía en una hermosa casa rodeada de jardines que compartía con su gata Muezza.  

Un día ella se quedó dormida sobre una de las mangas del abrigo de Mahoma y en ese momento él necesitaba salir. Entonces cortó la manga de su vestimenta con sumo cuidado para no despertarla, ni interrumpir su sueño. Salió muy despacio, sin hacer ruido y dejó que Muezza continuara dormida sobre el trozo del abrigo.

A su regreso la gata se acercó para darle las gracias y frotó su cuerpo en las piernas del profeta. Éste le acarició la frente y dibujó en ella  la inicial de su nombre al mismo tiempo que le susurraba que sus descendientes nacerían con la misma letra M en su frente. Muezza  le respondió con un sonoro ronroneo que alegró aún más la tarde del profeta. Entonces él decidió otorgarle a ella y a todos los gatos, el don de caer siempre de pie.  

Sin dar un tiempo para comentar la lectura Gato corre a la cocina. Ya es muy tarde, la hora del almuerzo se atrasó…

—¡OH! ¡No compré el pienso…! —Escucha Gato seguido de un portazo.

—¡Se devolvió al supermercado! —Piensa Gato mientras, con resignación, vuelve acurrucarse entre los cojines del sofá.

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