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¿Por qué los gatos sueltan tantos pelos?

Si le preguntamos al veterinario, es probable que nos diga que la causa más común se debe al proceso natural de la muda, que son pelos muertos que se han desprendido y que las épocas más favorables para el cambio de pelaje son la primavera y el otoño, pero si hablamos con cualquier amante de los gatos nos puede contar otra historia...

La que les narro a continuación está inspirada en la leyenda anónima El gato y el diablo y en mi propia experiencia:

Hace mucho tiempo atrás, en una casita en medio del bosque, vivía un gato con unos humanos. Éstos desconocían que su hermosa vivienda también era la morada de su antiguo dueño, convertido en fantasma.

El gato sí lo sabía, lo veía y soportaba noche tras noche ruidos fantasmales que le impedían realizar a sus anchas sus actividades nocturnas. Además, ya tenía suficiente con sufrir también interrupciones en sus diferentes siestas diurnas gracias a las quejas de los humanos-vivos sobre el movimiento de objetos. Era acusado directa o indirectamente de ser él quien cambiaba las cosas de lugar, de que amanecieran en diferentes lugares.

Como no podía disfrutar a pata suelta de sus dieciocho horas de merecido descanso felino ni de sus juegos nocturnos, decidió hablar con el humano-fantasma:    

—¿Por qué mueves las cosas de lugar?

—¡Porque esta es mi casa y las cosas deben estar en donde siempre han estado!

—¿Pero no te has dado cuenta de que estás muerto?

—Insolente animal, ¿Cómo te atreves hablarme así?

El gato al ver que el humano-fantasma se ponía azul de la rabia, decidió calmarlo. Comenzó a corretear y a jugar con él. Se escondió, apareció de sorpresa, lo asustó. Al poco tiempo el humano-fantasma también hizo lo mismo y pasaron toda la noche entre carreras y escondites. Algunos objetos cayeron al suelo, otros se rompieron, pero el juego no se detuvo. Fue muy divertido.

Al día siguiente los humanos-vivos se encontraron con un desastre en el salón y volvieron a reñir al gato por sus carreras nocturnas. El gato escuchó las quejas de mala gana y medio dormido. Esperó la noche para volver hablar con el humano-fantasma:

—Te propongo un reto: Si adivinas el número exacto de los pelos que tengo en todo mi cuerpo podrás seguir moviendo las cosas de lugar, pero si fallas dejas las cosas como están ahora y nunca más las mueves. Tienes tres oportunidades para adivinar. ¿Qué me dices, aceptas?

—Acepto si me prometes volver a jugar como lo hicimos anoche, pero no solo por las noches, sino a cualquier hora, en cualquier momento.

—Trato hecho

Estrecharon pata y mano para cerrar el acuerdo. El gato se acostó en sus transparentes piernas y con mucha paciencia el humano-fantasma comenzó a contarle los pelos. El gato entrecerró sus ojos y el ronroneo no se hizo esperar.

—Uno… dos… tres…cien… —El gato extasiado por las caricias, comenzó a amasar las huesudas piernas del humano-fantasma con sus patas y uñas. Éste perdió la cuenta.  

—Rurrruuuuumm —Ronroneó el gato y dijo: —perdiste una oportunidad

El humano-fantasma se volvió acomodar, empezó a contar de nuevo. Ya llevaba la cuenta muy avanzada cuando el gato se arqueó para ponerse más cómodo y el humano-fantasma perdió el recuento una vez más.

—Ya van dos oportunidades —Maulló el gato.

—La próxima no fallo, pero no será hoy. Cuando sepa cuántos son, te lo hago saber —dijo el humano-fantasma un tanto molesto.

—Está bien —dijo el gato —pero mientras no muevas nada, que llevo dos de tres intentos a mi favor  

Al humano-fantasma no le quedó otra que cumplir su promesa, pero lo hizo a medias. Entre juego y juego le cuenta los pelos, aprovecha también mientras el gato está tumbado boca arriba y frota su espalda en el suelo o cuando duerme plácido en algún sillón. No pierde la esperanza de saber cuántos tiene y ganar el reto. Necesita poder organizar la casa y devolver los objetos al sitio en el que siempre han estado. Pero el gato, que no desea que los humanos-vivos lo vuelvan acusar injustamente, suelta sus pelos con frecuencia para que el humano-fantasma no pueda saber cuántos tiene. 

Se cuenta que desde entonces los gatos son amigos de los humanos-fantasmas que habitan en las casas, que son ellos y no los gatos los que rompen cosas y mueven objetos de forma misteriosa por las noches, mientras los humanos-vivos duermen. Esa es la razón por las que en algunas oportunidades, a cualquier hora del día o la noche, los gatos fijan su mirada en un punto cualquiera, como si vieran algo que nadie más ve y corren como poseídos por una pulga inexistente. Al no saber por qué lo hacen, algunos humanos-vivos se asustan y otros llamamos a esos momentos «la hora loca»

Texto e ilustración: RBoschetti. Este relato es de libre creación y está inspirada en: El gato y el diablo de autor anónimo.

 

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